El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir El egoísmo, por naturaleza, no conoce límites: el hombre quiere, ante todo, conservar su existencia, la quiere, sea como fuere, exenta de dolores, de los cuales también forman parte toda privación y carencia; quiere la máxima cantidad de bienestar y desea todo el placer del que sea capaz; es más, en lo posible busca desarrollar en sí mismo aún nuevas capacidades para el deleite. Todo cuanto se opone al afán de su egoísmo despierta su irritación, su ira, su odio, y pretenderá aniquilarlo cual a un enemigo. Quiere, a ser posible, saborearlo, tenerlo todo; pero dado que eso es imposible, al menos quiere controlarlo todo: «Todo para mí, nada para los demás», he aquí su lema. El egoísmo es colosal: domina el mundo.[158]
Sin embargo, es cierto que la vida no está ahí propiamente para ser saboreada, sino soportada, resuelta: esto también lo recogen numerosas expresiones, tales como Degere vitam, vita defungi [pasar la vida, sobrellevar la vida], el giro italiano Si scampa cosi [sic] [Uno va tirando] o las expresiones alemanas Man muss suchen durchzukommen [Hay que seguir tirando] y Er wird schon durch die Welt kommen [Ya se las arreglará solo en el mundo] y otras similares.[159]