El mundo como voluntad y representacion I

El mundo como voluntad y representacion I

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

§ 22

Esa cosa en sí (quisiéramos mantener la expresión kantiana como fórmula consolidada) que en cuanto tal no es nunca objeto precisamente porque todo objeto es ya su mero fenómeno y no ella misma, para que pudiera ser pensada objetivamente tenía que tomar el nombre y concepto de un objeto, de algo que de alguna forma estuviera objetivamente dado, y por lo tanto de uno de sus fenómenos: mas ese fenómeno que sirviera de punto de partida de la comprensión no podía ser sino el más perfecto de todos, es decir, el más claro, el más desarrollado e iluminado inmediatamente por el conocimiento: y tal es precisamente la voluntad del hombre. No obstante, hay que observar que aquí solo utilizamos una denomina-tio a potiori[105] con la que el concepto de voluntad recibe una extensión mayor de la que tenía hasta ahora. Como observa Platón con frecuencia, es condición de la filosofía el conocimiento de lo idéntico en fenómenos diversos y de lo diverso en los semejantes. Pero hasta ahora no se había conocido la identidad de la esencia de todas las fuerzas que se agitan y actúan en la naturaleza con la voluntad, y de ahí que los variados fenómenos, que solo son especies distintas del mismo género, no hubieran sido considerados como tales sino como heterogéneos: por esa razón no podía tampoco existir ninguna palabra para designar el concepto de ese género. Por eso yo designo el género según la especie superior, cuyo conocimiento inmediato y más cercano a nosotros conduce al conocimiento mediato de todas las demás. En consecuencia, se hallaría en un permanente error quien no fuera capaz de llevar a término la ampliación del concepto aquí requerida y con la palabra voluntad pretendiera seguir entendiendo la especie única designada hasta el momento, la que está guiada por el conocimiento y se manifiesta exclusivamente por motivos o incluso solo por motivos abstractos, o sea, bajo la dirección de la razón; ese, como se ha dicho, es solo el más claro fenómeno de la voluntad. Tenemos que distinguir netamente en nuestro pensamiento la esencia íntima de ese fenómeno que nos es inmediatamente conocida y luego transferirla a todos los fenómenos más débiles y confusos de la misma esencia, con lo que llevaremos a cabo la requerida ampliación del concepto de la voluntad. — Me comprendería mal en sentido opuesto quien acaso pensara que es en último término indiferente designar aquel ser en sí de todos los fenómenos con la palabra voluntad o con cualquier otra. Así sería en el caso de que aquella cosa en sí fuera algo cuya existencia nos hubiéramos limitado a inferir y la conociéramos de forma meramente mediata e in abstracto: entonces, desde luego, se la podría llamar como se quisiera: el nombre sería un simple signo de una magnitud desconocida. Pero la palabra voluntad, que como una fórmula mágica nos ha de hacer patente la esencia íntima de todas las cosas en la naturaleza, no designa en absoluto una magnitud desconocida, un algo alcanzado mediante razonamientos, sino algo inmediatamente conocido, tan conocido que sabemos y entendemos mejor qué es la voluntad que cualquier otra cosa de la clase que sea. — Hasta ahora se ha subsumido el concepto voluntad bajo el concepto fuerza: yo, en cambio, hago exactamente lo contrario y pretendo considerar todas las fuerzas de la naturaleza como voluntad. No se crea que se trata de una disputa verbal o que es indiferente: antes bien, es de la máxima significación e importancia. Pues el concepto fuerza, como todos los demás, se funda en último término en el conocimiento intuitivo del mundo objetivo, es decir, en el fenómeno o la representación, y de ahí ha sido sacado. Está abstraído del dominio en el que imperan la causa y el efecto, o sea, de la representación intuitiva, y significa justamente la causalidad de la causa en el punto donde dicha causalidad deja de ser etiológicamente explicable y deviene el supuesto necesario de toda explicación etiológica. En cambio, el concepto voluntad es el único entre todos los posibles que no tiene su origen en el fenómeno, no en la mera representación intuitiva, sino que procede del interior, nace de la conciencia más inmediata de cada cual, donde uno conoce su propio individuo en su esencia, inmediatamente, sin forma alguna, ni siquiera la de sujeto y objeto, y a la vez es él mismo, ya que aquí el cognoscente y lo conocido coinciden. Por lo tanto, si remitimos el concepto de fuerza al de voluntad, de hecho habremos reducido algo menos conocido a algo infinitamente más conocido, incluso a lo único que nos es conocido de forma realmente inmediata y plena; y nuestro conocimiento se hará mucho mayor. Por el contrario, si, como hasta el presente se ha hecho, subsumimos el concepto de voluntad bajo el de fuerza, renunciamos al único conocimiento inmediato que poseemos acerca de la esencia del mundo, al hacer que se pierda en un concepto abstraído del fenómeno con el que nunca podemos transcender este.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker