El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Como grado inferior de objetivación de la voluntad se presentan las fuerzas universales de la naturaleza, parte de las cuales aparece sin excepción en la materia, como es el caso de la gravedad o la impenetrabilidad, mientras que otras se han distribuido en la materia existente en general, de modo que algunas dominan sobre esta y otras sobre aquella materia específicamente diferenciada; de este tipo son la rigidez, la fluidez, la elasticidad, la electricidad, el magnetismo y las propiedades y cualidades químicas de todas clases. Son en sí mismas fenómenos inmediatos de la voluntad al igual que el obrar del hombre, carecen en cuanto tales de razón como el carácter del hombre, solamente sus fenómenos individuales están sometidos al principio de razón, lo mismo que las acciones del hombre; sin embargo, ellas mismas no pueden nunca denominarse efecto o causa, sino que son condiciones previas y supuestas en todas las causas y efectos, a través de los cuales se despliega y revela su propio ser. Por eso es ininteligible preguntar por la causa de la gravedad o la electricidad: son fuerzas originarias cuyas exteriorizaciones, ciertamente, se producen por causas y efectos, de modo que cada fenómeno individual de las mismas tiene una causa que es a su vez un fenómeno individual y determina que aquí haya de manifestarse esa fuerza irrumpiendo en el tiempo y el espacio; pero en modo alguno es la fuerza misma el efecto de una causa ni la causa de un efecto. — De ahí que sea falso decir: «La gravedad es la causa de que caiga la piedra»; antes bien, la causa es aquí la cercanía de la Tierra que atrae a la piedra. Quitemos la Tierra, y la piedra no caerá aunque se mantenga la gravedad. La fuerza misma se encuentra totalmente fuera de la cadena de causas y efectos, la cual presupone el tiempo al no tener significado más que en relación con él: mas aquella se halla también fuera del tiempo. El cambio individual tiene siempre por causa otro cambio también individual, pero no la fuerza de la que es manifestación. Pues lo que presta siempre su eficacia a una causa, por innumerables veces que aparezca, es una fuerza natural que en cuanto tal carece de razón, es decir, se halla fuera de la cadena de causas y en general del dominio del principio de razón, y es conocida filosóficamente como objetividad inmediata de la voluntad que constituye el «en sí» de toda la naturaleza; pero en la etiología, en este caso la física, es demostrada como fuerza originaria, es decir, como qualitas occulta.
