El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Concluyo aquà la segunda parte principal de mi exposición con la esperanza de que —en la medida en que sea posible cuando se comunica por primera vez un pensamiento que nunca habÃa existido y que, por lo tanto, no puede estar totalmente libre de las huellas de individualidad en que se engendró— habré logrado comunicar la clara certeza de que este mundo en el que vivimos y somos en su esencia es en todo voluntad y al mismo tiempo en todo representación; que esa representación supone ya en cuanto tal una forma, a saber, la de sujeto y objeto, por lo que es relativa; y si preguntamos qué queda tras suprimir esa forma y todas las subordinadas a ella, expresadas por el principio de razón, eso toto genere distinto de la representación no puede ser otra cosa que voluntad, la cual es asà la verdadera cosa en sÃ. Cada cual se descubre a sà mismo como esa voluntad en la que consiste la esencia interior del mundo, del mismo modo que se descubre como el sujeto cognoscente cuya representación es el mundo entero, el cual, en esa medida, solo existe por referencia a su conciencia que es su soporte necesario. Cada cual es, pues, en ese doble respecto, el mundo entero, el microcosmos, y encuentra esas dos caras del mundo por completo en sà mismo. Y lo que él conoce asà como su propio ser, eso mismo agota también el ser del mundo entero, del macrocosmos: también este es, como él mismo, en todo voluntad y en todo representación, sin que quede otra cosa. Vemos que aquà coinciden la filosofÃa de Tales, que consideraba el macrocosmos, y la de Sócrates, que examinaba el microcosmos; pues el objeto de ambas se muestra idéntico. — Mas todo el conocimiento comunicado en los dos primeros libros ganará mayor compleción, y con ello también más claridad, en los dos que todavÃa siguen, en los que espero que también encuentren respuesta satisfactoria algunas preguntas que de forma más o menos clara se pueden haber planteado en la consideración llevada hasta aquÃ.
