El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I El mundo que en el libro primero describimos como mera representación, objeto para un sujeto, lo hemos examinado en el libro segundo desde su otro aspecto, descubriéndolo como voluntad, que resultó ser lo único que el mundo es fuera de la representación; después, y conforme a ese conocimiento, denominamos el mundo como representación, tanto en su totalidad como en sus partes, la objetividad de la voluntad, lo cual significa la voluntad convertida en objeto, es decir, en representación. Recordamos además que tal objetivación de la voluntad tiene grados múltiples pero determinados, en los cuales el ser de la voluntad entra en la representación, es decir, se presenta como objeto, con una claridad y perfección en progresivo ascenso. En esos grados reconocimos ya las ideas platónicas, ya que ellos son las especies determinadas o las formas y propiedades originarias e inmutables de todos los cuerpos naturales, tanto inorgánicos como orgánicos, y también las fuerzas universales que se revelan de acuerdo con las leyes naturales. Así pues, estas ideas en conjunto se presentan en innumerables individuos y seres particulares, siendo a ellos lo que el original a la copia. La pluralidad de tales individuos es representable únicamente a través del tiempo y el espacio, ya que su nacer y perecer solo lo es a través de la causalidad; en todas esas formas conocemos las distintas formas del principio de razón, que constituye el principio último de toda finitud e individuación, y la forma general de la representación tal y como se produce en el conocimiento del individuo como tal. La idea, en cambio, no entra dentro de aquel principio: por eso no le convienen la pluralidad ni el cambio. Mientras que los individuos en los que se presenta son innumerables, a la vez que nacen y perecen incesantemente, ella permanece inmutable siendo una y la misma, y el principio de razón carece de significado para ella. Al ser esa la forma bajo la que se halla todo el conocimiento del sujeto en cuanto conoce como individuo, las ideas en cuanto tales quedarán siempre fuerza de su esfera cognoscitiva. Por eso, si las ideas han de ser objeto del conocimiento, será solamente a condición de suprimir la individualidad del sujeto cognoscente. La explicación más próxima y detallada al respecto es lo que nos va a ocupar en primer lugar.
