El mundo como voluntad y representacion I

El mundo como voluntad y representacion I

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Pero antes conviene añadir a lo dicho las siguientes observaciones. La luz es lo más grato de las cosas: se ha convertido en el símbolo de todo lo bueno y salvífico. En todas las religiones significa la salvación eterna, y las tinieblas la condenación. Ormuz vive en la más clara luz, Ahrimán en la noche eterna. El Paraíso de Dante se parece al Vauxhall de Londres en que todos los espíritus bienaventurados aparecen como puntos de luz que se unen formando figuras regulares. La ausencia de luz nos pone inmediatamente tristes; su vuelta nos alegra: los colores suscitan inmediatamente un vivo deleite que alcanza su mayor grado cuando son transparentes. Todo ello se debe exclusivamente a que la luz es el correlato y la condición de la más perfecta forma de conocimiento intuitiva, la única que no afecta de manera inmediata a la voluntad. Pues, a diferencia de la afección de los demás sentidos, la visión no es capaz en sí misma, de forma inmediata y por su acción sensorial, de provocar un agrado o desagrado de la sensación en el órgano; es decir, no tiene una conexión inmediata con la voluntad, sino que solo la intuición surgida en el entendimiento puede tener una conexión tal, que después consiste en la relación del objeto con la voluntad. Ya en el oído las cosas son distintas: los tonos pueden producir inmediatamente dolor y también ser agradables de forma inmediatamente sensible, sin referencia a la armonía o la melodía. El tacto, en cuanto idéntico al sentimiento de todo el cuerpo, está todavía más sometido a ese influjo inmediato de la voluntad: sin embargo, todavía hay una palpación exenta de dolor y placer. Mas los olores son siempre agradables o desagradables, y los sabores todavía más. Los dos últimos sentidos son, pues, los más contaminados por la voluntad: de ahí que sean siempre los menos nobles y hayan sido denominados por Kant los sentidos subjetivos. Así pues, el gozo en la luz no es de hecho más que el gozo en la posibilidad objetiva de la más pura y perfecta forma de conocimiento intuitiva, y en cuanto tal se ha de derivar del hecho de que el conocimiento puro liberado y desembarazado de todo querer es sumamente grato y ya en cuanto tal toma una gran parte en el placer estético. — De esta opinión sobre la luz se ha de inferir también la increíble belleza que atribuimos al reflejo de los objetos en el agua. Aquí se nos pone ante la vista de forma totalmente clara, abarcable y completa, tanto en la causa como en el efecto y a gran escala, la acción por la reflexión de los rayos luminosos: aquella forma de acción recíproca de los cuerpos, la más leve, rápida y sutil, a la que debemos también la más perfecta y pura de nuestras percepciones: de ahí nuestro gozo estético que tiene su principal raíz en la razón subjetiva del placer estético y representa la alegría acerca del conocimiento puro y su vía[161].


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