El mundo como voluntad y representacion I

El mundo como voluntad y representacion I

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§ 40

Dado que los opuestos se explican mutuamente, puede que sea este el lugar de observar que el verdadero opuesto de lo sublime es algo que a primera vista no reconoceríamos como tal: lo atractivo [Reizende]. Con ello entiendo lo que estimula la voluntad al presentarle inmediatamente la aprobación, el cumplimiento. — El sentimiento de lo sublime surgía de que un objeto directamente desfavorable a la voluntad se convertía en objeto de la pura contemplación, la cual solo se mantenía mediante un continuo apartamiento de la voluntad y elevación sobre su interés, constitutivos precisamente de la sublimidad del ánimo; por el contrario, lo atractivo hace al sujeto descender de la contemplación pura que es necesaria para toda captación de lo bello, al provocar necesariamente su voluntad con objetos que la complacen de forma inmediata, con lo que el espectador no sigue siendo sujeto puro del conocer sino que se convierte en un necesitado y dependiente sujeto del querer. — El que habitualmente se denomine atractivo a lo bello de naturaleza alegre constituye una acepción demasiado amplia del concepto que es debida a la falta de una adecuada distinción y que yo tengo que dejar de lado y desaprobar. — En el sentido indicado y explicado, solo encuentro en el terreno del arte dos clases de cosas atractivas, ambas indignas de él. La primera, muy vulgar, en los bodegones de los holandeses cuando en ellos se comete la equivocación de representar víveres cuya engañosa exposición despierta necesariamente el apetito, que es justamente una excitación de la voluntad que pone fin a cualquier contemplación estética del objeto. La fruta pintada es aún admisible, ya que se presenta como un desarrollo ulterior de la flor y como un producto natural bello por su forma y color, sin que nos veamos forzados directamente a pensar en su carácter comestible; pero, desgraciadamente, con frecuencia encontramos con una naturalidad engañosa alimentos preparados y servidos en la mesa: ostras, arenques, cangrejos de mar, pan con mantequilla, cerveza, vino, etc., lo cual es totalmente reprobable. — En la pintura histórica y la escultura lo atractivo consiste en figuras desnudas cuya postura, semidesnudez y modo de tratamiento tienden a excitar la voluptuosidad en el espectador, con lo cual se anula enseguida la pura contemplación estética, es decir, se va en contra del fin del arte. Este defecto se corresponde plenamente con el que se acaba de censurar en los holandeses. Los antiguos, con toda la belleza y total desnudez de sus figuras, están casi siempre libres de él porque el propio artista las creó con un espíritu plenamente objetivo, repleto de la belleza ideal, y no en un espíritu de viles deseos subjetivos. — Así pues, lo atractivo ha de ser evitado siempre en el arte.


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