El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Vuelvo a nuestra discusión acerca de la impresión estética. El conocimiento de lo bello supone a la vez y de forma inseparable un sujeto cognoscente y una idea conocida como objeto. Sin embargo, la fuente del placer estético unas veces radicará más en la captación de la idea conocida y otras en la felicidad y tranquilidad de espÃritu del conocimiento puro liberado de todo querer y, con ello, de toda individualidad y del tormento que de ella deriva: y ese predominio de uno u otro componente del placer estético dependerá de si la idea captada intuitivamente constituye un grado superior o inferior de la objetividad de la voluntad. AsÃ, en el caso de la contemplación estética (bien sea en la realidad o a través del arte) de la naturaleza bella inorgánica y vegetal, y de las obras de la arquitectura bella, predominará el placer del puro conocimiento involuntario, ya que las ideas que aquà se captan son meros grados inferiores de objetividad de la voluntad y, por lo tanto, no son fenómenos de profunda importancia ni contenido significativo. En cambio, cuando los animales y los hombres son el objeto de la contemplación o representación estética, el placer consiste más en la captación objetiva de esas ideas que son las más claras revelaciones de la voluntad; porque ellas presentan la máxima variedad de formas, una riqueza y profunda significatividad de los fenómenos, y nos revelan a la mayor perfección la esencia de la voluntad, bien sea en su vehemencia, horror, satisfacción, o en su quebrantamiento (esto último en las representaciones trágicas) o, finalmente, en su conversión y autosupresión, que constituye en especial el tema de la pintura cristiana, al igual que, en general, la pintura histórica y el drama tienen por objeto la idea de la voluntad iluminada por un pleno conocimiento. — Pero quisiera más bien recorrer las artes una a una, con lo que la teorÃa de lo bello que he expuesto recibirá compleción y claridad.
