El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Así pues, en la medida en que el mundo vegetal, que siempre se ofrece al placer estético sin mediación del arte, se convierte en objeto de este, pertenece principalmente a la pintura paisajística. En el terreno de esta se encuentra también toda la restante naturaleza carente de conocimiento. — En el bodegón y la mera arquitectura policromada, las ruinas, las iglesias por dentro, etc., predomina la cara subjetiva del placer estético: es decir, nuestra complacencia no se encuentra inmediatamente en la captación de las ideas representadas sino más bien en el correlato subjetivo de esa captación, en el puro conocimiento involuntario; porque, al permitimos el pintor que veamos las cosas con sus ojos, al mismo tiempo recibimos aquí una igualdad de sentimientos, así como la resonancia de la profunda tranquilidad anímica y del total silencio de la voluntad que fueron necesarios para sumergir tan plenamente el conocimiento en aquellos objetos inertes y captarlos con tanto amor, es decir, con tal grado de objetividad. — El efecto de la verdadera pintura paisajística es en su conjunto aún de esta clase: pero, dado que las ideas representadas, en cuanto grados superiores de objetivación de la voluntad, son ya más significativas y expresivas, la cara objetiva del placer estético resalta en mayor medida y mantiene el equilibrio con la subjetiva. El conocimiento puro en cuanto tal no es ya lo principal, sino que con el mismo poder actúa la idea conocida, el mundo como representación en un importante grado de objetivación de la voluntad.