El mundo como voluntad y representacion I

El mundo como voluntad y representacion I

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El impulso sexual se confirma como la más decidida y fuerte afirmación de la vida también en el hecho de que tanto para el hombre natural como para el animal constituye el objetivo último, el fin supremo de su vida. La autoconservación es su primera aspiración, y en cuanto se ha ocupado de ella se afana únicamente en la propagación de la especie: más no puede pretender en cuanto mero ser natural. También la naturaleza, cuya esencia interna es la voluntad de vivir misma, empuja con todas sus fuerzas a reproducirse, tanto al hombre como al animal. Tras ello ha alcanzado su fin con el individuo y le resulta del todo indiferente que este sucumba, ya que en cuanto voluntad de vivir solo le importa la conservación de la especie, y el individuo para ella no es nada. — Porque en el impulso sexual se expresa con la máxima fuerza la esencia interna de la naturaleza, la voluntad de vivir, dijeron los antiguos poetas y filósofos —Hesíodo y Parménides— de forma altamente significativa que el eros es lo primero, lo creador, el principio del que nacieron todas las cosas (véase Arist. Metaph., I. 4). Ferécides[259] dijo: Εις έρωτα μεταβεβλησθαι. τον Δία, μέλλοντα δημίουργεΐν[260] (Jovem, cum mundum fabricare vellet, in cupidinem sese transformasse), (Proclus ad Plat. Tim., lib. III). — Un tratamiento más detallado de este tema lo hemos recibido más recientemente de G. F. Schoemann, De cupidine cosmogonico, 1852. También la Maya de los hindúes, cuya obra y velo es todo el mundo aparente, es parafraseada como amor.


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