El mundo como voluntad y representacion I

El mundo como voluntad y representacion I

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El ascetismo se muestra además en la pobreza voluntaria e intencionada que no surge solo per accidens al deshacerse de los propios bienes para aliviar los sufrimientos ajenos sino que aquí es ya un fin en sí misma; debe servir como continua mortificación de la voluntad, para que la satisfacción de los deseos y la dulzura de la vida no vuelvan a excitarla una vez que el autoconocimiento ha provocado la aversión hacia ella. Quien ha llegado a ese punto sigue todavía sintiendo, en cuanto cuerpo vivo y fenómeno de la voluntad que es, la disposición al querer de cualquier clase: pero la reprime intencionadamente al forzarse a no hacer nada de lo que querría hacer y, en cambio, hacer todo lo que no querría, aun cuando ello no tenga otro fin que precisamente el de servir a la mortificación de la voluntad. Dado que él niega la voluntad misma que se manifiesta en su persona, no se resistirá cuando otro haga lo mismo, es decir, cuando cometa contra él una injusticia: de ahí que le sea bienvenido cualquier sufrimiento que le sobrevenga de fuera por azar o por la maldad ajena, cualquier daño, afrenta o injuria: él lo recibe contento, como ocasión de darse a sí mismo la certeza de que ya no afirma la voluntad sino que con alegría ha tomado partido hostil al fenómeno de la voluntad que es su propia persona. Por eso soporta tal afrenta y sufrimiento con paciencia y dulzura inagotables, sin ostentación devuelve bien por mal y no permite que se reavive el él el fuego de la ira ni el de los deseos. — Igual que la voluntad misma, mortifica también su visibilidad u objetividad, el cuerpo: lo alimenta con frugalidad para que un exuberante florecimiento y desarrollo no dé nueva vida y excite con más fuerza la voluntad, de la que aquel no es más que una expresión y reflejo. Así, recurre al ayuno y hasta a la mortificación de sí mismo, para a través de la privación y el sufrimiento continuos quebrantar cada vez más y matar la voluntad que reconoce y abomina como la fuente de su desgraciada existencia y la del mundo. — Cuando por fin llega la muerte para disolver ese fenómeno de la voluntad cuya esencia se había extinguido hacía tiempo debido a la libre negación de sí misma, hasta llegar al débil vestigio que se manifestaba como vida de ese cuerpo, aquella será bienvenida y recibida con alegría como la anhelada liberación. Con ella no acaba en este, como en los demás casos, el simple fenómeno sino que se suprime la esencia misma que aquí solamente tenía una débil existencia en el fenómeno y por él[309]; ese último y débil lazo se desgarra ahora. Para el que así termina, ha terminado al mismo tiempo el mundo.


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