El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Todos estos análisis referentes a las ventajas e inconvenientes de la aplicación de la razón deben servir para poner en claro que, si bien el saber abstracto es el reflejo de la representación intuitiva y se fundamenta en ella, en modo alguno es tan congruente con ella como para poder ocupar siempre su lugar: antes bien, nunca se corresponde con ella con total exactitud; por eso, como hemos visto, muchas instituciones humanas se llevan a cabo exclusivamente con ayuda de la razón y el proceder reflexivo, si bien algunas se realizan mejor sin su aplicación. — Precisamente aquella incongruencia del conocimiento intuitivo y el abstracto, en virtud de la cual este no se asemeja a aquel más que el mosaico a la pintura, constituye la base de un fenómeno muy curioso que, como la razón, es patrimonio exclusivo de la naturaleza humana y del que todas las explicaciones ensayadas hasta ahora resultan insuficientes: me refiero a la risa. Debido a su origen, no podemos sustraernos a ofrecer aquí una explicación del mismo aunque ello detenga otra vez nuestra marcha. La risa no nace nunca sino de la percepción repentina de la incongruencia entre un concepto y los objetos reales que en algún respecto se habían pensado con él, y ella misma es la simple expresión de esa incongruencia. Con frecuencia surge porque dos o más objetos reales se piensan con un concepto y la identidad de este se traslada a ellos; pero su total diversidad en lo demás hace patente que el concepto solo era adecuado a ellos en una consideración parcial. Con la misma frecuencia, lo que se hace repentinamente perceptible es la incongruencia de un solo objeto real con el concepto en el que se había subsumido, en parte con razón. Cuanto más correcta es la subsunción de esas realidades bajo el concepto, por un lado, y cuanto mayor y más llamativa es su inadecuación a él, por otro, más enérgico es el efecto irrisorio que nace de esa oposición. Así que toda risa surge siempre con ocasión de una subsunción paradójica y, por ello, inesperada, al margen de que se exprese con palabras o con hechos. Esta es, en suma, la correcta explicación de lo irrisorio.
