El mundo como voluntad y representacion I

El mundo como voluntad y representacion I

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Finalmente, el conocimiento que tengo de mi voluntad, aunque inmediato, no es separable del conocimiento de mi cuerpo. Yo no conozco mi voluntad en su conjunto, como una unidad, no la conozco completamente en su esencia, sino exclusivamente en sus actos individuales, o sea, en el tiempo, que es la forma del fenómeno de mi cuerpo como de cualquier objeto: por eso el cuerpo es condición del conocimiento de mi voluntad. De ahí que no pueda representarme esa voluntad sin mi cuerpo. En el tratado Sobre el principio de razón se ha presentado la voluntad o, más bien, el sujeto del querer, como una clase especial de representaciones u objetos: pero ya allí vimos que ese objeto coincide con el sujeto, es decir, que cesa de ser objeto: allá denominamos esa coincidencia el milagro κατ’ εξοχήν[99]: todo el presente escrito es en cierto modo la explicación del mismo. — En la medida en que conozco mi voluntad propiamente como objeto, la conozco como cuerpo: pero entonces me encuentro de nuevo en la primera clase de representaciones planteada en aquel tratado, es decir, en los objetos reales. Según avancemos iremos comprendiendo mejor que aquella primera clase de representaciones encuentra su explicación, su desciframiento, únicamente en la cuarta clase allí planteada, que no quería ya enfrentarse como objeto al sujeto; y veremos que, en correspondencia con ello, a partir de la ley de motivación dominante en la cuarta clase hemos de llegar a comprender la esencia interna de la ley de causalidad válida en la primera clase y de lo que acontece conforme a ella.


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