Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II El poeta presenta a la fantasía imágenes de la vida, caracteres y situaciones humanos, pone todo eso en movimiento y deja a cada cual que piense con esas imágenes hasta donde la fuerza de su espíritu alcance. Por esa razón puede contentar a hombres de las más diferentes capacidades, incluso a necios y sabios al mismo tiempo. En cambio, el filósofo no ofrece la vida misma de aquella forma, sino los pensamientos ya dispuestos que ha abstraído de ella, y entonces demanda a su lector que piense del mismo modo y hasta donde llega él mismo. Con ello su público se vuelve muy reducido. Según eso, el poeta es comparable a quien presenta las flores; el filósofo, al que ofrece su quintaesencia.
