Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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En el caso de los artistas, poetas y escritores en general, en las contaminaciones subjetivas del intelecto se incluye también lo que se suelen llamar las ideas de la época, hoy en día, la «conciencia de la época»; es decir, ciertas opiniones y conceptos en boga. El escritor teñido de sus colores se ha dejado impresionar por ellos en vez de pasarlos por alto y rechazarlos. Cuando, tras una serie de años más o menos larga, aquellas opiniones han desaparecido y se han olvidado por completo, sus obras, todavía existentes desde aquel tiempo, carecen del apoyo que tenían en ellas y con frecuencia parecen increíblemente insulsas, y en todo caso como un calendario antiguo. Solo el poeta o el pensador plenamente auténticos están por encima de todas esas influencias. Incluso Schiller se había adentrado en la Crítica de la razón práctica y esta le había impresionado: pero Shakespeare solamente se había adentrado en el mundo. Por eso en todos sus dramas, pero sobre todo en los anglo-históricos, encontramos que los personajes siempre se mueven por los motivos del egoísmo o la maldad, con pocas excepciones que no contrastan con demasiada fuerza. Pues él quería mostrar hombres en el espejo de la poesía, no caricaturas morales: de ahí que cada cual los reconozca en el espejo y que sus obras vivan hoy y siempre. Los personajes de Schiller en el Don Carlos se pueden dividir casi con nitidez en blancos y negros, ángeles y demonios. Ya ahora parecen extraños: ¡qué será después de cincuenta años!


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