Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

§ 52

El cerebro, en cuanto parásito que es alimentado por el organismo sin contribuir directamente a su economía interna, lleva una vida autónoma e independiente allá arriba, en su sólida y bien guardada morada; del mismo modo, el hombre de altas dotes espirituales, además de la vida individual común a todos, lleva una segunda puramente intelectual consistente en el continuo incremento, perfección y reproducción, no del mero saber, sino del conocimiento y comprensión coherentes; una vida que no es afectada por el destino de la persona en la medida en que no es perturbada por este en su actividad, y por eso eleva e impulsa al hombre por encima de él y de su variación. Consiste en un continuo pensar, aprender, ensayar y practicar, y se convierte poco a poco en su existencia fundamental, a la que se subordina la personal como simple medio para un fin. Un ejemplo de la independencia y separación de esa vida intelectual nos lo ofrece Goethe cuando, en medio del tumulto bélico de la batalla de Champagne[103], observa unos fenómenos sobre la teoría de los colores; y tan pronto como entre la ilimitada miseria de aquella campaña se le concede una breve tregua, en la fortaleza de Luxemburgo, se ocupa de sus cuadernos sobre la teoría de los colores. Así nos ha legado un modelo que hemos de seguir los que somos la sal de la Tierra; pues en todo momento hemos de dedicarnos imperturbables a nuestra vida intelectual por mucho que la personal esté conmovida y agitada por la tempestad del mundo, pensando siempre que no somos hijos de la esclava sino de la libre[104]. Como emblema y blasón nuestro propongo un árbol movido violentamente por la tormenta, que sin embargo muestra sus rojos frutos en todas las ramas, con el lema: dum convellor mitescunt; o también: conquassata, sed ferax[105].


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker