Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Para tener pensamientos originales, extraordinarios y quizás hasta inmortales, basta con apartarse por unos instantes del mundo y de las cosas tan enteramente que los objetos y sucesos más cotidianos le parezcan a uno totalmente nuevos y desconocidos, con lo cual se manifiesta su verdadero ser. Lo que aquà se requiere no es difÃcil, sino que no está en nuestro poder y es justamente la función del genio[107].
El genio es a las otras mentes lo que el rubà a las piedras preciosas: emite luz propia, mientras que las demás solo reflejan la que reciben. — También se puede decir que es a ellas lo que los cuerpos idioeléctricos[108] a los simples conductores de la electricidad; por eso no es idóneo para ser un simple erudito, que enseña lo que ha aprendido, al igual que los cuerpos ideoeléctricos no son conductores de la electricidad. Antes bien, el genio es a la mera erudición lo que el texto a las notas. Un erudito es aquel que ha aprendido mucho; un genio, aquel de quien la humanidad aprende lo que él no ha aprendido de nadie. — Por eso los grandes espÃritus, de los cuales apenas nace uno de cada cien millones de hombres, son el faro de la humanidad, sin el cual esta se perderÃa en el ilimitado mar de los más tremendos errores y del embrutecimiento.
