Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 64

Todo comprender es un acto del representar, por lo que permanece en esencia en el terreno de la representación: y dado que esta no proporciona más que fenómenos, se halla limitado al fenómeno. Donde comienza la cosa en sí cesa el fenómeno, por lo tanto, también la representación y con ella la comprensión. En su lugar aparece el existente mismo, que se hace consciente de sí como voluntad. Si ese hacerse consciente de sí fuera inmediato, tendríamos un conocimiento plenamente adecuado de la cosa en sí. Pero, al estar mediado por el hecho de que la voluntad se crea el cuerpo orgánico y, a través de una parte de él, un intelecto mediante el cual se encuentra y se conoce como voluntad en la autoconciencia, ese conocimiento de la cosa en sí está condicionado, en primer lugar, por la separación que ahí se incluye ya entre un cognoscente y un conocido; y luego, por la forma del tiempo, inseparable de la autoconciencia cerebral; así que no es plenamente exhaustivo ni adecuado. (Compárese con esto el capítulo 18 del segundo volumen de mi obra principal.)

A esto se añade la verdad, expuesta en mi escrito Sobre la voluntad en la naturaleza bajo la rúbrica «Astronomía física», p. 86 [2.a ed., p. 79], de que cuanto más clara es la inteligibilidad de un proceso o una relación, más ubicada se encuentra en el mero fenómeno sin afectar al ser en sí.


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