Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Todo comprender es un acto del representar, por lo que permanece en esencia en el terreno de la representación: y dado que esta no proporciona más que fenómenos, se halla limitado al fenómeno. Donde comienza la cosa en sà cesa el fenómeno, por lo tanto, también la representación y con ella la comprensión. En su lugar aparece el existente mismo, que se hace consciente de sà como voluntad. Si ese hacerse consciente de sà fuera inmediato, tendrÃamos un conocimiento plenamente adecuado de la cosa en sÃ. Pero, al estar mediado por el hecho de que la voluntad se crea el cuerpo orgánico y, a través de una parte de él, un intelecto mediante el cual se encuentra y se conoce como voluntad en la autoconciencia, ese conocimiento de la cosa en sà está condicionado, en primer lugar, por la separación que ahà se incluye ya entre un cognoscente y un conocido; y luego, por la forma del tiempo, inseparable de la autoconciencia cerebral; asà que no es plenamente exhaustivo ni adecuado. (Compárese con esto el capÃtulo 18 del segundo volumen de mi obra principal.)
A esto se añade la verdad, expuesta en mi escrito Sobre la voluntad en la naturaleza bajo la rúbrica «AstronomÃa fÃsica», p. 86 [2.a ed., p. 79], de que cuanto más clara es la inteligibilidad de un proceso o una relación, más ubicada se encuentra en el mero fenómeno sin afectar al ser en sÃ.
