Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II La esencia interior de las cosas es ajena al principio de razón. Es la cosa en sí, y es pura voluntad. Es porque quiere y quiere porque es. Es lo absolutamente real en cada ser.
El carácter fundamental de todas las cosas es la caducidad: vemos que todo en la naturaleza, desde el metal al organismo, se extingue y se consume, en parte, debido a su existencia misma y, en parte, por el conflicto con las demás cosas. ¿Cómo podría la naturaleza soportar sin fatiga durante un tiempo infinito la conservación de las formas y la renovación de los individuos, la innumerable repetición del proceso vital, si no fuera porque su propio núcleo es intemporal y por ello totalmente indestructible, una cosa en sí de clase totalmente distinta de sus fenómenos, un ser metafísico heterogéneo respecto de todo lo físico? — Eso es la voluntad en nosotros y en todo.
En cada ser viviente está todo el centro del mundo. Por eso su existencia es para él todo en todo. En eso se basa también el egoísmo. Creer que la muerte aniquila ese ser es sumamente ridículo, ya que toda existencia procede exclusivamente de él. (Véase El mundo como voluntad y representación II, pp. 496 ss. [3.a ed., pp. 563 ss.])
