Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 72

Cuando se examina cómo la naturaleza se preocupa poco por los individuos y, sin embargo, vela con extremo cuidado por la conservación de la especie a través de la omnipotencia del instinto sexual y el incalculable exceso de gérmenes que, en el caso de las plantas, los peces y los insectos, con frecuencia está preparado para sustituir al individuo con varios cientos de miles; cuando consideramos eso, llegamos a la convicción de que, así como a la naturaleza le es fácil producir un individuo, la originaria producción de la especie le resulta muy complicada. Por eso nunca vemos nacer una nueva especie: incluso la generatio aequivoca, cuando tiene lugar (lo cual es indudable sobre todo en los epizoarios y los parásitos en general), no produce más que especies ya conocidas: y las pocas especies extinguidas de la fauna que ahora puebla la Tierra —por ejemplo, la del ave dudu (Didus ineptus)— la naturaleza no es capaz de restituirlas aunque hayan estado en su plan: — por eso nos mantenemos y nos asombramos de que nuestra avidez haya conseguido jugarle esa mala pasada.






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