Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II La luz no se comporta de forma tan material como el calor sino que más bien posee una naturaleza fantasmagórica, ya que aparece y desaparece sin dejar rastro de dónde se ha quedado. En realidad no existe más que en la medida en que se origina: si cesa de iluminar, desaparece y no podemos decir a dónde se ha ido. Existen bastantes recipientes cuyo material le resulta impenetrable, pero no podemos encerrarla y luego dejarla salir. A lo sumo la conserva la piedra de Bolonia[152], y también algunos diamantes, durante algunos minutos. No obstante, en la época más reciente se ha informado de que una fluorita violeta, que precisamente por eso se ha denominado clorofano [Chlorophan] o esmeralda Ãgnea [Pyrosmaragd], cuando está expuesta simplemente unos minutos al sol permanece brillante durante tres o cuatro semanas. (Véase Neuman, QuÃmica, 1842.) Esto recuerda mucho al antiguo mito del rubÃ, carbunculus, λυχνίτης —; dicho sea de paso, todas las noticias sobre él se encuentran recopiladas en Philostratorum opera, ed. Olearius, 1709, p. 65, nota 14. A ellas añado yo además esta: que es mencionado en Sakuntala[153], acto 2, página 31 de la traducción de W Jones, y que un informe más reciente y detallado sobre él se encuentra en los Racconti de Benvenuto Cellini, seconda ediz., Venecia, 1829, race. 4; este informe aparece abreviado en su Trattato del Oreficeria, Milán, 1811, p. 30. Pero puesto que toda fluorita se vuelve brillante al calentarse, hemos de concluir que esa piedra convierte fácilmente el calor en luz, y precisamente por eso la esmeralda Ãgnea no convierte la luz en calor, como otros cuerpos, sino que la despide, por asà decirlo, sin digerir: esto vale también de la piedra de Bolonia y de algunos diamantes. — Asà pues, solamente podemos dar cuenta de la luz cuando, al alcanzar un cuerpo opaco, se transforma en calor en proporción a la oscuridad de este y asume asà su naturaleza sustancial. — En cambio, muestra una cierta materialidad en la reflexión, en la que obedece las leyes de rebote de los cuerpos elásticos; e igualmente en la refracción. En esta pone de manifiesto su voluntad, al preferir y seleccionar el cuerpo más denso de entre los que le están disponibles, es decir, los transparentes[154]. Pues ahà abandona el camino rectilÃneo emprendido para inclinarse hacia donde se encuentra el mayor quantum de la materia transparente más densa; por eso al entrar y salir de un medio a otro se desvÃa siempre hacia donde la masa le queda más próxima o a donde está más acumulada, es decir, que siempre tiende a aproximarse a esta. En la lente convexa la mayor parte de la masa se encuentra en el medio, asà que la luz sale en forma cónica; en la lente cóncava la masa se acumula en la periferia, asà que la luz al salir se dispersa en forma de embudo: si cae oblicua en una superficie plana, al entrar y salir se desvÃa de su camino siempre en dirección a la masa y, por asà decirlo, le extiende la mano como bienvenida o despedida. También en la difracción muestra esa tendencia hacia la materia. En la reflexión rebota, pero una parte de ella atraviesa la materia: en eso se basa la llamada polaridad de la luz. — Análogas manifestaciones de la voluntad del calor se podrÃan demostrar especialmente en su comportamiento con los buenos y malos conductores. — La única esperanza de profundizar en la naturaleza de la luz está en observar sus propiedades aquà mencionadas, y no en hipótesis mecánicas sobre la vibración o emanación, que son inadecuadas a su naturaleza; por no hablar de absurdos cuentos sobre moléculas de luz, ese grosero engendro de la idea fija de los franceses según la cual todo proceso ha de ser en último término mecánico y todo se ha de basar en golpe y contragolpe. Ellos no se han repuesto todavÃa 128 de Descartes. Me sorprende que aún no hayan dicho que los ácidos están formados por corchetes y los alcalinos por corchetas, y por eso entran en unas combinaciones tan sólidas. — «Un espÃritu banal flota en esta época[155]»: se manifiesta dentro de la fÃsica mecánica en el atomismo democrÃteo renacido, en la negación de la fuerza vital y también de la moral auténtica, etc.