Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Si, como parece conforme al actual nivel de nuestros conocimientos y afirmaron ya Leibniz y Büffon, la Tierra estuvo una vez en estado de incandescencia y fusión —y de hecho todavÃa lo está, por cuanto solo la superficie se ha enfriado y endurecido—, entonces, antes del estado actual era luminosa igual que todo lo incandescente; y puesto que también los grandes planetas se hallaron en ese estado, y durante más tiempo, los astrónomos de mundos remotos y más antiguos habrán representado el Sol de entonces como una estrella doble o triple o incluso cuádruple. Dado que el enfriamiento de su superficie se produce tan lentamente que en los tiempos históricos no se puede demostrar que se haya incrementado en lo mÃnimo, y de hecho, según los cálculos de Fourier, no tiene lugar en grado apreciable porque la Tierra recibe cada año del Sol tanto calor como irradia, por todo ello, en el volumen del Sol, que es 1 384 472 veces mayor, y del cual la Tierra fue una vez parte integrante, el enfriamiento tiene que producirse con mayor lentitud en proporción correspondiente a esa diferencia, aunque sin una compensación externa; según ello, la luz y el calor del Sol se explican porque se halla todavÃa en el estado en que una vez se encontró la Tierra, pero su disminución marcha en él demasiado lenta como para que su influjo se pudiera percibir aun en milenios. De la sublimación de las partes más incandescentes bien se podrÃa inferir que en realidad debe ser su atmósfera la que brilla. — Lo mismo valdrÃa de las tinieblas en las que estarÃan las estrellas dobles cuyos planetas se hallan todavÃa en estado de auto-iluminación. De acuerdo con este supuesto, toda incandescencia se extingue poco a poco y después de billones de años todo el mundo se ha de sumir en el frÃo, la rigidez y la noche; — a no ser que entretanto se formen acaso nuevas estrellas fijas de la nebulosa lumÃnica, y asà se vincule un kalpa[161] con otro.
