Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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La regularidad de esa posición es innegable, aunque acertada solo de forma aproximada. Sin embargo, quizá exista para cada planeta una posición de su órbita, entre su perihelio y su afelio, en el que la regla acierte con exactitud: esa habría que considerarla entonces su posición verdadera y original. En todo caso, esa regularidad más o menos exacta ha tenido que ser una consecuencia de las fuerzas que han estado activas en las sucesivas contracciones del cuerpo central y de la naturaleza de la materia originaria en la que se basaban. Cada nueva contracción en la masa de la nebulosa originaria fue una consecuencia de la aceleración de la rotación provocada por las que la precedieron; una aceleración que la zona más externa no pudo ya seguir, por lo que se desprendió y se quedó parada; con ello se produjo una nueva contracción que originó una nueva aceleración, etc. Puesto que en ese proceso el cuerpo central disminuyó de tamaño a intervalos, también fue menor el calibre de la contracción exactamente en la misma proporción, en concreto, algo menos de la mitad de la precedente; pues cada vez se comprimió en la mitad de la extensión que aún tenía (-2). — Por lo demás, está claro que la catástrofe afectó justo al planeta más intermedio y como consecuencia de ella existen aún sus fragmentos. Era el mojón entre los cuatro grandes planetas y los cuatro pequeños.


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