Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Otra confirmación de la cosmogonÃa de Kant-Laplace es el hecho de que la densidad de los planetas disminuye aproximadamente en proporción a su distancia del Sol. Pues esto se explica porque el planeta más alejado es un fragmento del Sol del tiempo en que era más extenso y, por lo tanto, menos consistente: después de eso se contrajo, asà que se hizo más compacto; — y asÃ, sucesivamente. Esto mismo se confirma en el hecho de que la Luna, que más tarde surgió del mismo modo por la contracción de la Tierra —la cual entonces tenÃa naturaleza vaporosa pero a cambio llegaba hasta la Luna actual—, tiene solamente las cinco novenas partes de densidad que la Tierra. Pero que el Sol mismo no sea el más compacto de todos los cuerpos del sistema se explica porque cada planeta ha nacido de la posterior aglomeración de todo un anillo formando una esfera, pero el Sol no es más que el residuo de aquel cuerpo central tras su última contracción, y él mismo no se ha vuelto a comprimir. Una especial confirmación de la cosmogonÃa en cuestión nos la ofrece aún la circunstancia de que, mientras que la inclinación de todas las órbitas planetarias hacia la eclÃptica (órbita terrestre) varÃa entre tres cuartos de grado y tres grados y medio, la de Mercurio asciende a siete grados, cero minutos y sesenta y seis segundos: pero eso es casi la inclinación del Ecuador del Sol hacia la eclÃptica, que asciende a siete grados treinta minutos, y se explica porque el último anillo que el Sol depositó ha quedado casi paralelo a su Ecuador, del que se desprendió; mientras que los que se depositaron antes se desequilibraron más, o bien el Sol ha perturbado su eje de rotación desde que se desprendieron. Ya Venus, que fue el penúltimo, tiene una inclinación de tres grados y medio, y todos los demás, incluso inferior a dos, con excepción de Saturno, que tiene dos grados y medio. (Véase Humboldt, Cosmos, vol, 3, p. 449.) — Incluso el curso tan extraño que tiene nuestra Luna, en la que la rotación y la órbita coinciden, por lo cual siempre nos enseña la misma cara, únicamente se puede explicar porque ese es justamente el movimiento de un anillo circulando alrededor de la Tierra: de él ha surgido después la Luna mediante contracción del mismo, pero a diferencia de los planetas no se ha puesto en una rotación más veloz en virtud de algún choque casual.