Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 94

La polémica que hoy está tan de moda contra el supuesto de una fuerza vital merece llamarse, no ya falsa, sino directamente tonta, a pesar de sus gestos distinguidos. Pues quien niega la fuerza vital niega en el fondo su propia existencia, así que puede gloriarse de haber alcanzado la más alta cumbre del absurdo. Pero en la medida en que ese petulante sinsentido haya surgido de los médicos y los farmacéuticos, contiene además la más indigna ingratitud; porque la fuerza vital es lo que vence las enfermedades y produce las curaciones por las que después aquellos señores se embolsan el dinero y pasan factura. — Si una peculiar fuerza natural a la que es tan esencial actuar funcionalmente como esencial es a la gravedad acercar los cuerpos entre sí; si esa fuerza, como digo, no mueve todo el complicado mecanismo del organismo, lo guía, lo ordena y se presenta en él como lo hace la fuerza de gravedad en los fenómenos de la caída y la gravitación, o la fuerza eléctrica en todos los fenómenos producidos por la máquina de fricción o la pila voltaica, etc., entonces la vida es una falsa apariencia, un engaño, y en verdad todo ser es un mero autómata, es decir, un juego de fuerzas mecánicas, físicas y químicas que se han unido para formar su fenómeno bien por azar o bien por la intención de un artista que lo ha querido así. — Por supuesto que en el organismo animal actúan fuerzas físicas y químicas: pero lo que las mantiene unidas y las dirige de tal modo que de ahí resulta y se mantiene un organismo funcional, — eso es la fuerza vital: por consiguiente, ella domina todas las fuerzas y modifica su acción, que aquí es, pues, meramente subordinada. En cambio, creer que ellas darían origen por sí solas a un organismo no es simplemente falso sino, como he dicho, tonto. — Aquella fuerza vital es en sí misma la voluntad.


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