Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Ninguna visión del mundo que nazca de una objetiva concepción intuitiva de las cosas y sea desarrollada con consecuencia puede ser falsa; sino que es, en el peor de los casos, simplemente parcial: asà son, por ejemplo, el completo materialismo y el idealismo absoluto, entre otros. Todos son verdaderos pero lo son a la vez, asà que su verdad es meramente relativa. En efecto, toda concepción de esa clase es verdadera solo desde un punto de vista, al igual que una imagen representa el entorno únicamente desde un punto de vista. Mas si nos elevamos por encima del punto de vista de tal sistema, reconocemos la relatividad de su verdad, es decir, su parcialidad. Solamente el punto de vista más elevado, que todo lo abarca y todo lo tiene en cuenta, puede proporcionar la verdad absoluta. — Conforme a ello, es verdadero que, por ejemplo, me considere a mà mismo como un producto de la naturaleza meramente temporal, nacido y destinado a la aniquilación total —más o menos al estilo del Eclesiastés—: pero al mismo tiempo es verdad que todo lo que alguna vez fue y será soy yo, y que fuera de mà no hay nada. Igualmente estoy en la verdad si yo, a la manera de Anacreonte, establezco el supremo bien en el placer del presente: pero, al mismo tiempo, estoy en la verdad cuando reconozco la utilidad del sufrimiento asà como el carácter vano y hasta pernicioso de todo placer, y concibo la muerte como la finalidad de mi existencia.
