Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Una doctrina errónea, bien haya surgido de una falsa opinión o de una mala intención, está calculada solamente para especiales circunstancias y, por consiguiente, para un tiempo determinado; únicamente la verdad lo está para todo tiempo, aun cuando pueda ser transitoriamente ignorada o asfixiada. Pues, tan pronto como llega un poco de luz de dentro o un poco de aire de fuera, se presenta alguien a anunciarla o defenderla. En efecto, dado que ella no ha nacido de ninguna intención partidista, en todas las épocas cualquier cabeza preeminente se convierte en su defensora. Pues se asemeja al magneto, que siempre y en todas partes señala a un punto del mundo absolutamente determinado; la doctrina errónea, por el contrario, a una estatua que apunta con una mano hacia otra estatua, una vez separada de la cual ha perdido todo significado.
Lo que en mayor medida se opone al descubrimiento de la verdad no es la falsa apariencia nacida de las cosas y conducente al error, ni tampoco directamente la debilidad del entendimiento, sino la opinión preconcebida, el prejuicio, que como un pseudo -apriori se opone a la verdad y se asemeja entonces a un viento adverso que empuja el barco en contra de la única dirección en la que hay tierra; de modo que el timón y la vela actúan en vano.
Los versos de Goethe en el Fausto:
Lo que has heredado de tu padre
