Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Mi teorÃa hace justicia por vez primera a la naturaleza esencialmente subjetiva del color; si bien el sentimiento de la misma está ya expresado en el antiguo refrán Des goûts et des couleurs il ne faut disputer[202]. Aquà vale del color lo que Kant dice del juicio estético o de gusto: que es meramente subjetivo y sin embargo pretende, igual que uno objetivo, recibir la conformidad de todos los hombres normalmente constituidos. Si no poseyéramos una anticipación subjetiva de los seis colores fundamentales que nos diera una medida a priori para ellos, entonces, dado que la designación de los mismos con nombres propios serÃa meramente convencional como lo es realmente la de algunos colores de moda, no tendrÃamos ningún juicio sobre la pureza de un color dado y por lo tanto no podrÃamos entender algunas cosas: por ejemplo, lo que Goethe dice del rojo verdadero —que es el del carmÃn pero no el usual rojo escarlata, que es anaranjado— cuando ahora eso nos resulta bien comprensible y también evidente.
