Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

EN EL ÁLBUM DE GOETHE EN FRANKFURT

Ni monumentos coronados, ni salvas de cañones, ni tañidos de campanas, por no hablar de banquetes con discursos, bastan para reparar la grave e indignante injusticia que sufrió Goethe con respecto a su teoría de los colores. Pues, en vez de haber encontrado el justo reconocimiento a su completa verdad y suma excelencia, es generalmente considerada un intento fallido del que se ríen los especialistas, como expresó recientemente un periódico, e incluso una debilidad del gran hombre que se debe esconder con benevolencia y olvido. — Esa injusticia sin par, esa inaudita inversión de toda verdad, ha sido posible únicamente porque un público obtuso, negligente, indiferente, carente de juicio y, por consiguiente, fácil de engañar, ha renunciado en esa cuestión a toda investigación y examen propios —por muy fáciles que fueran aun sin conocimientos previos—, para dejar que la decida la «gente de la especialidad», es decir, la gente que no cultiva una ciencia por sí misma sino por el sueldo; y deja que esta se le imponga con sentencias inapelables y muecas. Si ese público no quería juzgar por sus propios medios sino dejarse dirigir por la autoridad, igual que los menores, verdaderamente la autoridad del gran hombre que junto a Kant puede mostrar la nación, y además en un asunto que él ha cultivado a lo largo de toda su vida, debería haber tenido más peso que los muchos miles de tales gentes de oficio tomadas en conjunto. Por lo que a la decisión de tales especialistas respecta, la verdad sin tapujos es que se han avergonzado miserablemente, como se puso de manifiesto, no solo de haber dejado que se les embauque con algo palpablemente falso, sino de haberlo respetado, enseñado y difundido durante cien años sin investigación ni examen propios, con fe ciega y devota admiración, hasta que al final llegó un viejo poeta a enseñarles algo mejor. Tras esa humillación, a la que no se puede uno sobreponer, se han obstinado como suelen hacer los pecadores, han rechazado tenazmente la enseñanza posterior y, con una contumaz perseverancia que dura ya cuarenta años en lo que se ha descubierto y demostrado como manifiestamente falso y hasta absurdo, han ganado tiempo, pero también han centuplicado su culpa. Pues veritatem laborare nimis saepe, extinguí nunquam[209], ha dicho ya Livio: el día del desengaño llegará, tiene que llegar: ¿y entonces? — Entonces — «queremos comportarnos como podamos». (Egmont 3, 2.)


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker