Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II La filosofía tiene por objeto la experiencia; pero no, como en el caso de las demás ciencias, esta o aquella experiencia determinada, sino justamente la experiencia misma en general y en cuanto tal, según su posibilidad, su ámbito, su contenido esencial, sus elementos internos y externos, su forma y su materia. Según ello, la filosofía ha de poseer fundamentos empíricos y no se puede desarrollar a partir de puros conceptos abstractos, tal y como he expuesto detenidamente en el segundo volumen de mi obra principal, capítulo 17, pp. 180-185 [3.a ed., pp. 199-204], y he resumido brevemente más arriba, en el § 9. De la crítica indicada se sigue, además, que lo primero que ha de examinar tiene que ser el medio en el que se le presenta la experiencia en general, junto con la forma y naturaleza del mismo. Ese medio es la representación, el conocimiento, es decir, el intelecto. Por eso, toda filosofía ha de comenzar investigando la facultad de conocer, sus formas y leyes, como también la validez y límites de estas. Tal investigación será, en consecuencia, la philosophia prima. Se divide en el examen de las representaciones primarias, es decir, intuitivas —parte esta que se puede llamar dianología o doctrina del entendimiento— y la consideración de las representaciones secundarias, es decir, abstractas, junto con las leyes de su uso; es decir, lógica o doctrina de la razón. Esta parte general comprende o, más bien, representa al mismo tiempo lo que anteriormente se denominó ontología y se planteaba como la doctrina de las propiedades más generales y esenciales de las cosas en general y en cuanto tales; pues se consideraban cualidades de las cosas en sí mismas las que les convenían únicamente como resultado de la forma y naturaleza de nuestra facultad de representación, por cuanto todos los seres que con ella se han de concebir se han de presentar conforme a ella y, en consecuencia, llevan en sí mismos ciertas cualidades comunes a todos. Es comparable a cuando el color de un cristal se añade a los objetos vistos a través de él.