Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Si la justicia imperase en el mundo, serÃa suficiente con que uno hubiera construido su casa y no se necesitarÃa más protección que ese evidente derecho de propiedad. Pero porque la injusticia está a la orden del dÃa, se necesita que quien ha construido su casa esté también en condiciones de protegerla. Si no, su derecho no está completo de facto: en efecto, el agresor tiene el derecho de la fuerza [Faustrecht][247], el cual constituye directamente el concepto de derecho en Spinoza, quien no reconoce ningún otro derecho sino que dice: unusquisque tantum juris habet, quantum pot ent iâ valet (Tract, pol. c. 2, § 8) y uniuscujusque jus potentiâ ejus definitur[248] (Eth. IV, pr. 37, sch. 1). — La guÃa para ese concepto del derecho parece habérsela proporcionado Hobbes, en particular el pasaje del De cive, c. 1, § 14, pasaje que añade la extraña explicación de que el derecho que tiene el buen Dios sobre todas las cosas se basa exclusivamente en su omnipotencia. — En el mundo civil está abolido ese concepto del derecho tanto en la teorÃa como en la práctica; pero en el polÃtico, solo en la primera: in praxi prevalece continuamente[249]; aún hace poco ha recibido una brillante confirmación en la invasión de México por los norteamericanos; si bien esta es ampliamente superada por las antiguas invasiones de los franceses por toda Europa bajo su cabecilla Bonaparte. Pero en vez de disimular la cuestión con mentiras públicas y oficiales que casi indignan más que aquella misma, tales conquistadores deberÃan remitirse con atrevimiento y libertad a la teorÃa de Maquiavelo. De esta, en efecto, se puede inferir que entre los individuos, y en los capÃtulos de la moral y la doctrina del derecho referentes a ellos, rige la máxima quod tibà fieri non vis, alteri ne feceris[250]; en cambio, entre los pueblos y en la polÃtica rige lo contrario: quod tibà fieri non vis, id alteri tu feceris[251]. Si no quieres ser sometido, somete de vez en cuando al vecino, tan pronto como su debilidad te dé ocasión de ello. Pues si la dejas pasar, aparecerá una vez como desertora en el campamento ajeno: entonces el vecino te someterá a ti, aun cuando el actual pecado de omisión no haya de ser expiado por la generación que lo cometió sino por la siguiente. Esa máxima maquiavélica sigue siendo una máscara para el afán de rapiña mucho más decorosa que el transparente remiendo de las mentiras más palpables en los discursos presidenciales; unas mentiras que terminan en la conocida historia del conejo que hubo de atacar al perro. En el fondo cada Estado considera a los demás una guarida de ladrones que caerá sobre él en cuanto tenga oportunidad.
