Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II La diferencia entre la servidumbre que se da en Rusia y la propiedad en Inglaterra, y en general entre el siervo y el arrendatario, el propietario de una finca, el deudor hipotecario, etc., está más en la forma que en el fondo. En esencia hay poca diferencia entre que me pertenezca el agricultor o el campo del que se tiene que alimentar, el ave o su alimento, el fruto o el árbol; así pone Shakespeare en boca de Shylock:
You take my life,
When you do take the means, whereby I live[252].
(Me quitas la vida al quitarme los medios de que vivo.)
El campesino libre tiene la ventaja de poder marcharse por el amplio mundo; a cambio, el siervo y glebae adscriptns tiene la ventaja, quizá mayor, de que si se queda desvalido por la mala cosecha, la enfermedad, la vejez y la incapacidad, su señor tiene que cuidar de él: por eso duerme tranquilo mientras que el señor, cuando hay una mala cosecha, da vueltas en la cama desvelado, pensando en los medios de proveer de pan a sus siervos. De ahí que ya Menandro {Stob. Florileg., vol. II, p. 389) dijera:
Ώς κρεΐττον έστι δεσπότου χρήστου τυχεΐν,
’Ή ζήν ταπεινώς καί κακώς ελεύθερον[253].
(Quanto benignum satius est dominum pati,
