Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Asà pues, pobreza y esclavitud no son más que dos formas, casi se podrÃa decir que dos nombres, de una misma cosa cuya esencia consiste en que las fuerzas de un hombre en gran parte no se aplican en su propio favor sino en el de otros; de ahà se deriva, por un lado, su sobrecarga de trabajo y, por otro, la escasa satisfacción de sus necesidades. Pues la naturaleza no le ha dado al hombre más que las fuerzas necesarias para poder sacar su sustento de la tierra con un moderado esfuerzo de las mismas: él no ha recibido un gran exceso de fuerzas. Si la carga común del sostenimiento fÃsico de la existencia del género humano se le quita a una parte no insignificante de él, el resto queda sobrecargado y permanece en la miseria. Asà se origina ante todo aquel mal que, bien con el nombre de esclavitud o con el de proletariado, ha pesado en todo tiempo sobre la gran mayorÃa del género humano. Pero su causa más remota es el lujo. En efecto, para que unos pocos tengan lo prescindible, superfluo y refinado, incluso para que puedan satisfacer las más fingidas necesidades, se ha de emplear una gran medida de las fuerzas humanas disponibles y, por lo tanto, privar al necesitado de la producción de los bienes indispensables. En vez de cabañas para ellos, miles de hombres construyen viviendas suntuosas para unos pocos: en lugar de paños toscos para ellos y los suyos, hilan telas finas y sedas o incluso encajes para los ricos, y elaboran miles de objetos lujosos para complacer a los ricos. Una gran parte de la población de las ciudades está formada por tales trabajadores del lujo: para ellos y para sus clientes ha de arar, sembrar y pastorear el campesino, asà que tiene más trabajo del que originariamente le habÃa impuesto la naturaleza. Además, también él mismo tiene que emplear más fuerzas y tierra, no en el grano, las patatas y el ganado, sino en el vino, la seda, el tabaco, el lúpulo, los espárragos, etc. Por otro lado, una gran cantidad de hombres son retirados de la agricultura para servir en la construcción naval y la navegación, a fin de transportar azúcar, café, té, etc. La producción de todos esos bienes superfluos se convierte a su vez en la causa de la miseria de aquellos millones de esclavos negros que son arrancados a la fuerza de su patria para producir aquellos objetos de disfrute con su sudor y su tormento. En suma, una gran parte de las fuerzas del género humano se retira de la producción de todo lo necesario a fin de elaborar para unos pocos cosas superfluas y prescindibles. Por eso, mientras de una parte subsista el lujo, de la otra tendrá que subsistir necesariamente el trabajo excesivo y la mala vida, bien sea con el nombre de pobreza o de esclavitud, de proletarii o de servii. La diferencia fundamental entre ambos está en que los esclavos han de atribuir su origen a la fuerza, y los pobres, a la astucia. Todo el estado antinatural de la sociedad, la lucha universal por escapar de la miseria, las travesÃas marÃtimas que tantas vidas cuestan, los enmarañados intereses comerciales y, por último, las guerras a las que todo ello da ocasión: — todo eso tiene como única raÃz el lujo, que ni siquiera hace felices a quienes lo disfrutan sino más bien enfermizos y malhumorados. En consecuencia, lo más eficaz para aliviar la miseria humana serÃa aminorar e incluso suprimir el lujo.