Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Un pueblo de puros campesinos descubrirÃa e inventarÃa poco: pero las manos ociosas generan cabezas activas. Las artes y las ciencias son incluso hijas del lujo y pagan su culpa. Su obra es aquel perfeccionamiento de la tecnologÃa en todas sus ramas —mecánica, quÃmica y fÃsica—, que en nuestros dÃas ha llevado a las máquinas a una altura nunca imaginada antes; en concreto, gracias a las máquinas de vapor y la electricidad produce cosas que los tiempos anteriores habrÃan atribuido a la ayuda del diablo. Ahora, en fábricas y manufacturas de todas clases, y de vez en cuando también en la agricultura, las máquinas ejecutan mil veces más trabajo del que serÃan nunca capaces de hacer las manos de los hombres acomodados, cultos y dedicados al trabajo de la mente que ahora están ociosos; y más también del que jamás se podrÃa alcanzar eliminando todo lujo e implantando de forma general la vida del campesino. Pero los productos de aquellas fábricas no redundan solamente en beneficio de los ricos sino de todos. Cosas que antes apenas eran asequibles se pueden poseer ahora a bajo precio y en cantidad, y también la vida de la clase más baja ha ganado mucho en comodidad. En la Edad Media un rey de Inglaterra en una ocasión tomó prestado de uno de sus grandes un par de medias de seda para recibir en audiencia ataviado con ellas al embajador francés; incluso la reina Isabel se alegró y sorprendió mucho cuando en 1560 recibió el primer par de medias de seda como regalo de Año Nuevo (Disraeli [Curiosidades de la literatura] I, 332): hoy en dÃa cualquier dependiente tiene unas. Hace quince años las damas llevaban exactamente los mismos trajes de cotón que llevan hoy en dÃa las criadas. Si la maquinaria continúa sus avances en la misma medida durante algún tiempo, se puede llegar al punto en que se ahorre casi por completo la fatiga de las fuerzas humanas, igual que ocurre ya ahora con una gran parte de las del caballo. Entonces, desde luego, se podrÃa pensar en una cierta universalidad de la cultura espiritual del género humano, la cual, sin embargo, es imposible mientras una gran parte de él tenga que dedicarse al duro trabajo corporal; porque la irritabilidad y la sensibilidad se hallan en antagonismo siempre y en todas partes, tanto a nivel universal como particular, precisamente porque ambas se basan en una misma fuerza vital. Dado que además artes molliunt mores[255], quizás entonces desaparezcan por completo del mundo las guerras a gran escala y las reyertas o duelos a nivel individual, como de hecho se han vuelto ya ahora mucho más infrecuentes. Sin embargo, no es mi propósito escribir una UtopÃa. —