Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II ¿Cómo nos sería posible ver constantemente y en todas las épocas muchos millones de hombres, y hasta cientos de millones, sometidos y obedeciendo voluntariamente a un solo hombre, a veces hasta a una mujer y transitoriamente incluso a un niño, si no hubiera en el hombre un instinto monárquico que le impulsara a ello como lo más conveniente? Pues eso no ha nacido de la reflexión. El rey es siempre uno y su dignidad suele ser hereditaria. Es algo así como la personificación o el monograma de todo el pueblo, que se individualiza en él: en ese sentido puede incluso decir con razón: l’état c’est moi[264]. Precisamente por eso vemos que en los dramas históricos de Shakespeare los reyes de Inglaterra y Francia se llaman uno a otro France y England, y al duque de Austria, Austria (El rey Juan II, 1), considerándose algo así como la encarnación de sus nacionalidades. Esto es justo lo que concuerda con la naturaleza humana; y precisamente por ello el monarca a título hereditario no puede separar su bienestar y el de su familia del bienestar del país, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los casos con el monarca por elección; — piénsese en los estados pontificios. Los chinos no pueden concebir más que un gobierno monárquico: no entienden lo que es una república. Cuando en el año 1658 viajó una legación holandesa a China, se vio obligada a presentar al príncipe de Orange como su rey, ya que en otro caso los chinos se habrían inclinado a pensar que Holanda era un nido de piratas que vivían sin un soberano. (Véase Jean Neuhof, l’Ambassade de la Compagnie Orientale des Provinces Unies vers l’Empereur de la Chine, trad, par Jean le Charpentier, à Leyde 1665. Chap. 45.) Stobeo, en un capítulo titulado οτι κάλλιστον ή μοναρχία[265] (Florii. tit. 47; vol. 2, pp. 256-263), ha recopilado los mejores pasajes de los antiguos en los que se exponen las ventajas de la monarquía. Las repúblicas son antinaturales, están constituidas artificialmente y nacen de la reflexión, y por eso aparecen solamente como excepciones infrecuentes en toda la historia mundial: son las pequeñas repúblicas griegas, las romanas y cartaginesas, que además estaban condicionadas por el hecho de que las cinco sextas partes o quizá incluso las siete octavas partes de la población estaban formadas por esclavos. También los Estados Unidos de América tenían en 1840 tres millones de esclavos sobre una población de dieciséis millones de habitantes. Además, la duración de las repúblicas antiguas fue muy corta frente a la de las monarquías. — En general las repúblicas son fáciles de instituir pero difíciles de mantener: de las monarquías vale exactamente lo contrario.