Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Cuanta más clara conciencia tiene uno de la caducidad, nihilidad y naturaleza onÃrica de todas las cosas, más la tiene también de la eternidad de su propia esencia interior; porque en realidad aquella naturaleza de las cosas no se conoce más que por oposición a esta, al igual que la rápida marcha del propio barco solo se percibe viendo la tierra firme y no el barco mismo.
El presente tiene dos mitades: una objetiva y una subjetiva. Unicamente la objetiva tiene por forma la intuición del tiempo y, por lo tanto, rueda incesantemente: la subjetiva está fija y, por ende, es siempre la misma. De ahà nace nuestro vivaz recuerdo de lo que pasó hace mucho tiempo y la conciencia de nuestro carácter imperecedero, pese a conocer la fugacidad de nuestra existencia.
De mi principio inicial «el mundo es mi representación» se sigue ante todo: «primero existo yo y, luego, el mundo». DeberÃamos retener bien esto como antÃdoto contra la confusión de la muerte con la aniquilación.
Cada cual piensa que su núcleo más Ãntimo es algo que contiene el presente y lo lleva consigo.
