Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 25

Toda demostración es una deducción lógica de la proposición afirmada que se efectúa a partir de una ya probada y cierta, y con la ayuda de otra como segunda premisa. Aquella proposición ha de tener ella misma certeza inmediata, más exactamente, original, o bien seguirse lógicamente de una que la posea. Esas proposiciones de certeza original, es decir, no mediada por ninguna demostración, tales como las que constituyen las verdades fundamentales de todas las ciencias, han surgido al trasladar a lo pensado, a lo abstracto, lo que de alguna manera se ha captado intuitivamente. Por esa razón se llaman evidentes; predicado este que en realidad únicamente les conviene a ellas, y no a las proposiciones simplemente demostradas que, en cuanto conclusiones ex praemissis, solo se pueden llamar lógicamente consecuentes. Esa verdad suya es, por ende, siempre meramente mediata, deducida y derivada: no obstante, pueden ser tan ciertas como cualquier proposición de verdad inmediata: en concreto, cuando han sido correctamente deducidas de una de estas, aunque sea a través de proposiciones intermedias. E incluso en ese supuesto su verdad es con frecuencia más fácil de demostrar y de hacer comprensible a cualquiera que la de un axioma cuya verdad solo se puede conocer inmediata e intuitivamente; porque para reconocerlo faltan unas veces las condiciones objetivas, y otras, las subjetivas. Esta relación es análoga al caso en que un acero imantado por transmisión posee una fuerza de atracción, no ya igual, sino con frecuencia aún más intensa que el hierro imantado original.


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