Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Uno existe de repente, para su propio asombro, después de no haber existido durante incontables milenios; y tras un breve tiempo tiene que dejar de existir de nuevo durante otro tanto. — Eso no es justo en absoluto, dice el corazón: e incluso al rudo entendimiento le ha de surgir a partir de ese tipo de consideraciones una noción de la idealidad del tiempo. Mas esta, unida a la del espacio, es la clave de toda verdadera metafísica; porque con ellas se da cabida a otro orden de cosas del todo diferente al de la naturaleza. Por eso Kant es tan grande.
A cada acontecimiento de nuestra vida le pertenece el «es» solamente por un instante; luego, para siempre, el «fue». Cada tarde somos un día más pobres. Quizá nos enfureciésemos al ver el transcurso de nuestro breve lapso de tiempo, si no fuera porque en lo más hondo de nuestro ser hay una secreta conciencia de que nos pertenece el inagotable manantial de la eternidad, para poder renovar incesantemente el tiempo de la vida.