Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II ¡Qué abismo existe entre nuestro comienzo y nuestro fin! Aquel, con la ilusión del deseo y el entusiasmo de la voluptuosidad; este, con la destrucción de todos los órganos y el olor a podrido del cadáver. Y también el camino entre ambos va continuamente cuesta abajo en lo que se refiere al bienestar y el disfrute de la vida: la dichosa y soñadora niñez, la alegre juventud, la fatigosa edad adulta, la decrépita y a menudo lastimosa vejez, el martirio de la última enfermedad y al final la lucha con la muerte: — ¿No parece directamente como si la existencia fuera un paso en falso cuyas consecuencias se hicieran manifiestas poco a poco y cada vez en mayor medida?
La forma más acertada de concebir la vida es como un desengaño: a eso apunta todo con la suficiente claridad.
Nuestra vida es de tipo microscópico: es un punto indivisible que nosotros expandimos con las dos potentes lentes del espacio y el tiempo, y de ahà que la veamos en una considerable magnitud. —
El tiempo es un dispositivo de nuestro cerebro con el fin de dar una apariencia de realidad, por medio de la duración, a la existencia absolutamente nula de las cosas y de nuestro yo. —
