Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Asà como el torrente no forma torbellinos mientras no se topa con ningún obstáculo, la naturaleza humana y la animal llevan consigo el que no notemos bien ni nos percatemos de lo que marcha de acuerdo con nuestra voluntad. Si hemos de notarlo, es porque no ha estado enseguida conforme con ella sino que ha encontrado algún inconveniente. — En cambio, todo lo que se opone a nuestra voluntad, la contrarÃa y se le resiste; es decir, todo lo desagradable y doloroso lo sentimos de forma inmediata, enseguida y con gran claridad. Asà como no sentimos la salud de todo nuestro cuerpo sino solo el punto donde nos aprieta el zapato, tampoco pensamos en todos nuestros asuntos que marchan perfectamente bien sino en alguna pequeñez insignificante que nos disgusta. — Aquà se basa la negatividad del bienestar y la felicidad que con frecuencia he resaltado, en oposición a la positividad del dolor.
Por consiguiente, no conozco un absurdo mayor que el de la mayorÃa de los sistemas metafÃsicos, que interpretan el mal como algo negativo[301]; cuando es precisamente lo positivo, lo que se hace perceptible; en cambio, lo bueno, es decir, toda felicidad y satisfacción, es lo negativo, a saber: la simple supresión del deseo y la finalización de un tormento.
Con eso concuerda el hecho de que nosotros, por lo regular, encontremos las alegrÃas muy por debajo de nuestras expectativas, y los dolores, muy por encima. —
