Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II A uno le gustarÃa volverse loco cuando considera las exageradas disposiciones, las innumerables estrellas fijas que resplandecen en el espacio infinito y que no tienen más que hacer sino iluminar mundos que son el escenario de la necesidad y la miseria, y en el mejor de los casos no devengan más que aburrimiento; — al menos a juzgar por el espécimen que nos es conocido.
Digno de gran envidia no es nadie; de gran compasión, incontables. —
La vida es una tarea en la que trabajar: en este sentido, defunctus es una bella expresión. —
Imaginemos que el acto de la procreación no estuviera acompañado de una necesidad ni de voluptuosidad, sino que fuera asunto de la pura reflexión racional: ¿podrÃa entonces subsistir aún el género humano? ¿No habrÃa tenido más bien cada cual la suficiente compasión de la generación venidera como para preferir ahorrarle la carga de la existencia, o al menos se habrÃa negado a cargar con la función de imponérsela a sangre frÃa? —
El mundo es justamente el infierno y los hombres son, por una parte, las almas atormentadas y por otra, los demonios.