Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Brahma produce el mundo por una especie de pecado original o extravÃo, pero permanece dentro de él para expiarlo hasta haberse redimido de él. — ¡Muy bien! En el budismo el mundo surge a consecuencia de un inexplicable oscurecimiento producido tras una larga calma en la claridad celeste del nirvana, que es un estado de beatitud logrado a base de penitencia; asà que nace por una especie de fatalidad que en el fondo se ha de interpretar como moral, si bien en lo fÃsico el asunto encuentra incluso una imagen y una analogÃa, que se le corresponden exactamente, en el inexplicable surgimiento de una nebulosa primigenia de la que se formó el Sol. Según ello, a consecuencia de las faltas morales, se ha ido haciendo gradualmente peor también en el sentido fÃsico, hasta adoptar la triste figura actual. — ¡Excelente! — Para los griegos el mundo y los dioses eran obra de una necesidad insondable: — eso es pasable, en la medida en que nos deja provisionalmente satisfechos. — Ormuz vive en lucha con Ahrimán: — puede ser. — Pero un dios Jehová, que animi causa y de gaieté de coeur[306] ha creado este mundo de necesidad y miseria, y luego todavÃa se aplaude a sà mismo con el πάντα καλά λίαν[307], — eso no se puede soportar. Asà pues, vemos que en ese respecto la religión judÃa ocupa el rango inferior dentro 320 de los dogmas de los pueblos civilizados, lo cual concuerda plenamente con el hecho de que sea la única que no tiene en absoluto una doctrina de la inmortalidad ni indicio alguno de ella. (Véase el primer volumen de esta obra, pp. 119 ss.)