Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II De hecho, la convicción de que el mundo, luego también el hombre, son algo que en realidad no deberÃa ser resulta adecuada para llenarnos de indulgencia recÃproca: ¿pues qué se puede esperar de seres con tal predicamento? — Desde este punto de vista podrÃamos llegar a pensar que el tratamiento verdaderamente adecuado entre unos hombres y otros podrÃa ser, en lugar de monsieur, sir, etc., «compañero de infortunios, soci malorum, compagnon de misères, my fellow-sufferer». Por muy raro que esto pueda sonar, es lo que cuadra con el tema, irradia la más acertada luz sobre los demás y recuerda lo más necesario: la tolerancia, paciencia, indulgencia y amor al prójimo, de los cuales todos estamos necesitados y de los cuales, por tanto, todos somos deudores.
El carácter de las cosas de este mundo, en concreto del mundo humano, no es tanto la imperfección, como a menudo se ha dicho, cuanto la desfiguración, igual en lo moral que en lo intelectual y en lo fÃsico: en todo. —
La disculpa de algunos vicios que a veces se oye: «pero es natural al hombre» no basta en modo alguno, sino que se debe replicar: «precisamente porque es malo es natural y precisamente porque es natural es malo». — Para comprender bien esto es necesario haber conocido el sentido de la doctrina del pecado original. —
