Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Sin embargo, la lucha con aquellos guardianes no es por lo regular tan dura como de lejos nos pueda parecer; y ello es asà como consecuencia del antagonismo entre sufrimientos espirituales y corporales. En efecto, cuando sufrimos en nuestro cuerpo con gran intensidad o de forma continuada, nos volvemos indiferentes a todas las demás preocupaciones: solo nos importa nuestro restablecimiento. Igualmente, los intensos sufrimientos espirituales nos hacen insensibles a los corporales: los despreciamos. De hecho, si estos alcanzan el predominio, ello nos supone una beneficiosa dispersión, una pausa de los dolores espirituales. Eso es justamente lo que facilita el suicidio, por cuanto el dolor corporal vinculado a él pierde toda importancia a ojos de quien está afligido de excesivos sufrimientos espirituales. Especialmente visible se hace esto en quienes son impulsados al suicidio por una profunda melancolÃa puramente enfermiza. A ellos no les cuesta ninguna autosuperación: no necesitan tomar Ãmpetu, sino que tan pronto como el guardián que se les ha adjudicado les deja solos dos minutos, ponen término a su vida rápidamente.
Cuando en las pesadillas espantosas la angustia alcanza el más alto grado, ella misma nos hace despertar, con lo cual desaparece ese monstruo de la noche. Lo mismo ocurre en el sueño de la vida, cuando el más alto grado de angustia nos obliga a interrumpirla.
