Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Quien sea capaz de pensar con algo más de profundidad alcanzará pronto a ver que los deseos humanos no pueden empezar a ser pecaminosos en aquel punto donde, cruzándose casualmente en sus orientaciones individuales, ocasionan el mal por un lado y la maldad por otro; sino que, de ser esto asÃ, han de ser pecaminosos y reprobables ya en origen y esencia, y por consiguiente toda la voluntad de vivir es ella misma reprobable. De hecho, todo el horror y la miseria de los que el mundo está lleno son simplemente el resultado necesario del conjunto de los caracteres en los que se objetiva la voluntad de vivir, dentro de las circunstancias que se presentan en la cadena ininterrumpida de la necesidad, las cuales les proporcionan los motivos; son, pues, el simple comentario a la afirmación de la voluntad de vivir. (Véase TeologÃa alemana, p. 93.) — Que nuestra existencia misma implica una culpa lo demuestra la muerte.
Un carácter noble no se lamentará fácilmente de su propio destino, sino que más bien valdrá de él lo que Hamlet elogia de Horacio:
for thou hast been
As one, in suffering all, that suffers nothing[329].
