Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 164

Quien sea capaz de pensar con algo más de profundidad alcanzará pronto a ver que los deseos humanos no pueden empezar a ser pecaminosos en aquel punto donde, cruzándose casualmente en sus orientaciones individuales, ocasionan el mal por un lado y la maldad por otro; sino que, de ser esto así, han de ser pecaminosos y reprobables ya en origen y esencia, y por consiguiente toda la voluntad de vivir es ella misma reprobable. De hecho, todo el horror y la miseria de los que el mundo está lleno son simplemente el resultado necesario del conjunto de los caracteres en los que se objetiva la voluntad de vivir, dentro de las circunstancias que se presentan en la cadena ininterrumpida de la necesidad, las cuales les proporcionan los motivos; son, pues, el simple comentario a la afirmación de la voluntad de vivir. (Véase Teología alemana, p. 93.) — Que nuestra existencia misma implica una culpa lo demuestra la muerte.

§ 165

Un carácter noble no se lamentará fácilmente de su propio destino, sino que más bien valdrá de él lo que Hamlet elogia de Horacio:

                                         for thou hast been

As one, in suffering all, that suffers nothing[329].


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