Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II El espíritu y sentido interno de la auténtica vida monacal, como del ascetismo en general, es este: que uno se ha reconocido digno y capaz de una existencia mejor que la nuestra y quiere reforzar y mantener esa convicción despreciando lo que este mundo le ofrece, rechazando todos sus placeres como carentes de valor y esperando con tranquilidad y confianza el fin de esta vida suya despojada de vanidosos cebos, para dar un día la bienvenida a la hora de la muerte como la de la salvación. Los saniasis[332] tienen exactamente la misma tendencia y significado, al igual que los monjes budistas. Desde luego, en ningún asunto concuerda la praxis tan raramente con la teoría como en el monacato, precisamente porque su pensamiento fundamental es tan elevado: y abussus optimi pessimus[333]. Un auténtico monje es un ser sumamente venerable: pero en la mayoría de los casos el hábito es una simple máscara tras la que no se oculta un monje real en mayor medida que tras una mascarada.
Imaginarse que uno está sometido y abandonado de forma plena y sin reservas a una voluntad individual ajena constituye un medio psíquico para facilitar la negación de la propia voluntad y, por lo tanto, un adecuado vehículo alegórico de la verdad.
