Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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§ 173

Aunque por medio de consideraciones como las anteriores, es decir, desde un punto de vista muy elevado, podamos alcanzar a ver una justificación de los sufrimientos de la humanidad, esta no se extiende a los animales, cuyos sufrimientos, si bien provocados en su mayor parte por los hombres, con frecuencia son importantes también sin nuestra intervención. (Véase El mundo como voluntad y representación, 3.a ed., vol. II, p. 404 s.) Así pues, se impone la pregunta: ¿para qué esa voluntad atormentada y angustiada en mil formas distintas, sin la libertad para redimirse, que está condicionada por la reflexión? — El sufrimiento del mundo animal se justifica solamente porque la voluntad de vivir ha de consumir su propia carne, porque en el mundo del fenómeno no existe nada fuera de ella y es una voluntad hambrienta. De ahí la gradación de sus fenómenos, de los que cada uno vive a costa de otro. Además, remito a los parágrafos 153 y 154, que explican que la capacidad de sufrir es mucho menor en el animal que en el hombre. Lo que más allá de eso se podría añadir resultaría hipotético e incluso mítico, así que puede quedar a la propia especulación del lector.





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