Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Filatetes. ¡Si fuera una convicción fundada en la inteligencia! Entonces se la podría abordar con razones y tendríamos el campo abierto para luchar con armas iguales. Mas es cosa reconocida que las religiones no se dirigen a la convicción con razones sino a la fe con revelaciones. Pero la capacidad para esta última es más poderosa en la infancia: por eso se tiene cuidado sobre todo de apoderarse de esa tierna edad. Con eso, pero mucho más con amenazas e informes sobre milagros, es como arraigan los dogmas. En efecto, si al hombre en la primera infancia se le exponen repetidamente ciertas concepciones fundamentales y doctrinas con inusual solemnidad y con el gesto más serio que jamás haya visto hasta entonces; y si al mismo tiempo se omite la posibilidad de cualquier duda o simplemente se la menciona para señalarla inmediatamente como el primer paso para la condenación eterna, entonces la impresión resultará tan profunda que por lo regular, es decir, en casi todos los casos, el hombre se volverá casi tan incapaz de poner en duda aquellas doctrinas como su propia existencia; por eso entre tantos miles apenas habrá uno que tenga la suficiente firmeza de espíritu como para preguntar seria y francamente: ¿es verdad eso? Más apropiadamente de lo que se creía se ha llamado a quienes fueron capaces de ello espíritus fuertes, esprits forts. Pero para los demás no hay nada tan absurdo o indignante como para que no pudiera arraigar en ellos la más firme creencia en eso, si se les inculcara por esa vía. Por ejemplo, si matar a un hereje o a un incrédulo fuera algo esencial para la futura salvación de su alma, casi todos harían de ello un asunto principal de su vida, y al morir sacarían consuelo y fortaleza del recuerdo del éxito; de hecho, en otros tiempos casi todos los españoles consideraban un acto de fe la obra más piadosa y agradable a Dios; algo equivalente a esto lo tenemos en la India, en la congregación religiosa de los thugs, reprimida hace poco por los ingleses a través de numerosas ejecuciones, cuyos miembros practicaban su religiosidad y veneración a la diosa Kali asesinando a traición a sus propios amigos y compañeros de viaje cada vez que tenían ocasión, con el fin de quedarse con sus propiedades; y estaban sumidos con toda seriedad en la ilusión de que con ello hacían algo muy loable y favorable a su salvación eterna[344]. Por consiguiente, el poder de los dogmas religiosos tempranamente inculcados es tan grande, que es capaz de ahogar la conciencia moral y en último término toda compasión y humanidad. Pero si quieres ver con tus propios ojos y de cerca lo que logra la inoculación temprana de la fe, contempla a los ingleses. Mira esa nación, más favorecida por la naturaleza que todas las demás, dotada de más entendimiento, espíritu, juicio y firmeza de carácter que cualquier otra; mírala, caída más hondo que ninguna, convertida directamente en despreciable debido a su estúpida superstición religiosa, que aparece sistemáticamente en medio de sus restantes capacidades como una obcecación, una monomanía. Eso se lo han de agradecer exclusivamente al hecho de que su educación está en manos del clero, que cuida de inculcarles en la más temprana juventud todos los artículos de fe, de tal modo que llegan a una especie de parálisis cerebral parcial, que después se manifiesta durante toda la vida en una estúpida mojigatería que degrada incluso a gente por lo demás de gran entendimiento y espíritu, y nos hace equivocarnos por completo con ellos. Pero si consideramos lo esencial que es para semejantes obras maestras que la inoculación de la fe se produzca en la tierna infancia, las misiones evangelizadoras no nos parecerán ya simplemente la cumbre de la petulancia, arrogancia e impertinencia humanas, sino también absurdas, en la medida en que no se limitan a pueblos que están aún en estado de niñez, como acaso los hotentotes, los cafres, los isleños del sur y otros semejantes, donde por eso han tenido éxito realmente; mientras que, por el contrario, en la India los brahmanes replican a las exposiciones de los misioneros con condescendientes sonrisas aprobatorias o con encogimientos de hombros, y en general en ese pueblo los intentos de conversión por parte de los misioneros fracasan continuamente, pese a tener la más cómoda coyuntura. Un informe auténtico que aparece en el volumen vigesimoprimero del Asiatic journal de 1826 señala que, después de tantos años de actividad de los misioneros, en toda la India (de la que solo las posesiones inglesas tienen ciento cincuenta millones de habitantes, según el Times de abril de 1852) no se pueden encontrar más de trescientos conversos vivos; y al mismo tiempo se reconoce que los conversos cristianos se distinguen por la más patente inmoralidad. Habrán sido justo trescientas almas vendidas, o compradas, de entre tantos millones. No tengo noticia alguna de que desde entonces las cosas le fueran mejor al cristianismo en la India[345]; si bien ahora los misioneros, en las escuelas dedicadas exclusivamente a la enseñanza laica inglesa, contravienen el convenio intentando influir en su sentido sobre los niños a fin de introducir el cristianismo de contrabando, aunque los hindúes están alerta frente a eso con el máximo celo. Pues, como se ha dicho, solamente la niñez es la época para sembrar la semilla de la fe, y no la edad adulta, sobre todo cuando ya arraiga una anterior: mas la convicción adquirida que aducen tener los adultos conversos no es por lo regular más que la máscara de algún interés personal. Precisamente porque uno siente que eso casi no puede ser de otra manera, un hombre que cambia de religión en la edad adulta es siempre despreciado por la mayoría: con ello ponen de manifiesto que no consideran la religión un asunto de convicción racional sino simplemente de fe inculcada tempranamente y con anterioridad a todo examen. Pero que tienen razón en eso se desprende de que no solo la masa que cree a ciegas, sino también el clero de cada religión, que en cuanto tal ha estudiado sus fuentes y razones, sus dogmas y controversias, es en todos sus miembros un hei y ferviente partidario de la religión de su correspondiente tierra natal; de ahí que lo más raro del mundo sea que un eclesiástico se pase de una religión o confesión a otra. Así por ejemplo, vemos que el clero católico está plenamente convencido de la verdad de todas las tesis de su Iglesia, igual que el protestante de las de la suya, y ambos defienden con análogo celo las tesis de su confesión. Sin embargo, esa convicción se ajusta al país donde cada uno ha nacido: al clero del sur de Alemania le resulta evidente la verdad del dogma católico, y al del norte, la del protestante. Si tales convicciones se basan en razones objetivas, esas razones han de ser climáticas y desarrollarse, al igual que las plantas, una solamente aquí y la otra solamente allá. Pero el pueblo siempre asume de buena fe las convicciones de aquellos convencidos locales.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker