Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Pero si trato de imaginar que me hallo ante un ser individual al que le digo: «¡creador mío! Una vez no fui nada: pero tú me has creado, de modo que ahora soy algo y, por cierto, soy yo»; — y añado: «te doy gracias por ese beneficio»; —y concluyo: «si no he servido para nada, es por mi culpa»; — en tal caso, he de reconocer que, como consecuencia de mis estudios filosóficos e hindúes, mi mente se ha hecho incapaz de soportar semejante idea. Esa es, por lo demás, la contrapartida de lo que nos presenta Kant en la Crítica de la razón pura (en el apartado «De la imposibilidad de una prueba cosmológica»): «Uno no puede reprimir, pero tampoco soportar, la idea de que un ser que imaginamos el superior de todos los posibles se dijera a sí mismo algo así: “Yo existo de eternidad en eternidad, fuera de mí no hay nada excepto lo que es algo por mi sola voluntad: ¿pero de dónde procedo yo entonces?”». — Dicho sea de paso, ni esta última pregunta ni el apartado que acabo de citar han hecho desistir a los profesores de Filosofía habidos desde Kant, de convertir el absoluto, dicho llanamente, aquello que no tiene causa alguna, en el constante tema central de todo su filosofar. Esa es una buena idea para ellos. En general esa gente no tiene curación, y no puedo aconsejar bastante que no se pierda el tiempo con sus escritos y conferencias.