Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II La oposición entre agustinismo y pelagianismo que constantemente divide a la Iglesia podrÃa reducirse como su razón última a que el primero habla de la esencia en sà de las cosas y el último, por el contrario, del fenómeno, que sin embargo toma por la esencia. Por ejemplo, el pelagiano niega el pecado original; porque el niño, que aún no ha hecho nada, ha de ser inocente; — pues no comprende que el niño acaba de empezar a existir en cuanto fenómeno, pero no en cuanto cosa en sÃ. Lo mismo ocurre con la libertad de la voluntad, la muerte expiatoria del Redentor, la Gracia: en suma, con todo. — El pelagianismo prevalece siempre como consecuencia de su carácter comprensible y banal: pero ahora más que nunca, en la forma de racionalismo. La Iglesia griega mantiene un pelagianismo mitigado, y desde el Concilio Tridentino también la católica, que de ese modo se ha querido poner en contra de Lutero, de tendencias agustinianas y mÃsticas, como también de Calvino: en no menor medida son semipelagianos los jesuÃtas. En cambio, los jansenistas son agustinianos y su concepción podrÃa muy bien ser la forma más auténtica del cristianismo. Pues el protestantismo, al rechazar el celibato y en general el verdadero ascetismo, como también a sus representantes, los santos, se ha convertido en un cristianismo romo, o más bien, quebrado, al que le falta la cúspide: termina en nada[414].
Racionalismo
